El business model canvas y el fontanero que saltó sobre los champiñones

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Imagen de Alexander Osterwalder con licencia CC BY 2.0 (https://www.flickr.com/photos/osterwalder/)

Estos días he estado leyendo Business Model You. Se trata de uno de esos libros que están de moda porque hablan de cómo reintentar la carrera profesional de uno, aunque realmente se haya hecho famoso por el Business Model Canvas: una herramienta de estrategia muy sencilla de entender que permite analizar modelos de negocio con la técnica de la cartulina y el post-it.

Mentiría si no reconociese que el canvas me parece, simultáneamente y a partes iguales, una memez y una genialidad. Y reflexionar sobre ello me ha hecho recapacitar sobre una cuestión importante.

Actualización (25/10/2013). Parece ser que el business model canvas ha llegado para quedarse, es la metodología elegida para el Máster en Digital Business que estoy cursando en ICEMD-ESIC (más info).
Actualización (22/09/2015). Al final el modelo canvas ha calado… ¡lo uso a diario prácticamente! Es la mejor forma de modelar cualquier negocio de forma visual y sencilla, y resulta clave en la transformación digital.

Lo terrible del asunto es que el lienzo de trabajo resulta, así de primeras, demasiado fácil de entender y excesivamente razonable. Es la clase de metáfora que de tan sencilla cuesta creerla porque tiene que ser mentira, no puede funcionar.

No toca entrar en detalles. No sé si el concepto del business model canvas es original, prestado o adaptado. Tampoco discutiré sobre si es válido en general como herramienta de trabajo, porque para eso necesitaría haberlo trabajado mucho sobre el terrero, y no lo he hecho. En cualquier caso está de moda y últimamente me lo encuentro por doquier, en apenas dos semanas lo he visto aparecer en:

En otras palabras: hay muchas personas que están tomando el canvas como una herramienta muy seria para la estrategia empresarial. O, al menos, están tomando muy en serio hacer dinero con esta moda. En cualquier caso recomiendo leer el libro: está bastante bien incluso más allá del famoso “lienzo del modelo de negocio” y tiene unas cuentas ideas muy interesantes que conviene explorar.

Una de ellas, y el motivo de la entrada de hoy, es la importancia de no confundir nunca las actividades con el valor. Una cosa es «programar un CRM» (actividad) y otra «transformar radicalmente la capacidad de las empresas para relacionarse con sus clientes y generar negocio» (valor). Es lo mismo pero no lo es, y entenderlo es la diferencia para evolucionar de recurso intercambiable a activo insustituible.

Es de esos conceptos que conviene imprimir bien grandes, hacer copias y repartirlas por casa, la oficina y el gimnasio. Para que cale. Es muy fácil dejarse llevar con la corriente habitual de definirse a uno mismo por su «capacidad para hacer», como si eso interesase a alguien. Utilicemos un ejemplo bastante extremo pero muy gráfico: un trabajo, tres descripciones.

  1. «Soy un transportista, tomo alimentos de un almacén y los distribuyo»
  2. «Ayudo a la gente, hago llegar la comida a los más necesitados»
  3. «Soy el que ofrece esperanza y dignidad a los que más la necesitan»

Muchos dirán que la primera es excesivamente descriptiva, fría incluso, que la segunda parece equilibrada y que la tercera quizá se pase de melodramática. Es la postura de los que estamos acomodados, minimizar nuestra tarea y limitarla a describirla como si de una oferta de trabajo se tratase.

Sin embargo, a lo mejor si preguntamos a los que reciben la ayuda nos sorprenda su respuesta. A lo mejor los que reciben la comida realmente valoran al que se la lleva. Seguramente se asombrarían (¿ofendiesen?) de escuchar que ese señor que les lleva comida describiese su labor como la de un mero transportista. ¿Ejemplo exagerado? Por supuesto. Pero es una realidad que nos negamos a ver a diario. Me ha pasado a mi por dónde quiera que he ido pasando y lo he visto en otros constantemente: las personas, pasada la frialdad inicial y las dificultades intermedias, suelen agradecer enormemente el esfuerzo realizado.

Por eso cuando ayer entré en home de Alkeno.com me llevé una decepción enorme. Pensaba que mi trabajo era ayudar a la gente y sin embargo al parecer soy  «un ingeniero, un consultor y alguien que habla de estrategia y tecnología». El business model canvas me había abierto los ojos a una realidad crítica.

Eso lo he escrito yo. Será verdad que el enemigo lo llevamos dentro.

Recuerda: solamente tú puedes defender que eres el héroe que salvó a la princesa. No dejes que nadie te describa como «el fontanero que saltó sobre los champiñones».

About the Author

Fernando Manero

Consultor freelance especializado en estrategia y tecnología.

  1. ¡Buenas, Cristina!

    Todo lo contrario, soy un fiel defensor del “menos es más” y del poder de las soluciones sencillas. Lo que sucede es que una cosa es la teoría, creerlo de forma intuitiva, y otra no tener una sospecha razonable sobre todo lo que se nos presenta (duda metódica cartesiana, por ponerlo de forma pedante).

    De inicio el Canvas me pareció sospechoso: tenía mucho de idea feliz, y no me constaba que funcionase en el mundo real. Ahora que he estado expuesto empiezo a cogerle el truco, aunque sigo algo escéptico. Veremos cómo evoluciona mi idea del mismo.

    PD: la navaja de Ockham es un principio general muy práctico, pero como ingeniero me suele costar aplicarlo en el día a día. La realidad, tozuda, nos hace pensar primero que entendemos algo, que es fácil; para luego darnos una sonora bofetada.

    Gracias por leer, y por aportar 🙂