No te preguntes cuánto vale una página web

Una duda que a todos nos asalta tarde o temprano es cuánto vale una página web. Y, como casi siempre pasa en digital, es fácil que nos dejemos llevar por cantos de sirena en vez de centrarnos en lo realmente importante: ¿cuánto va a aportar?

¿Es útil para mi negocio? ¿Hasta qué punto? ¿Lo es ahora por un motivo puntual, o lo será siempre? ¿Con qué estilo, diseño y tecnología? ¿Con qué estructura de contenidos? ¿Autogestionable? ¿Responsive? ¿Cómo llegarán después los usuarios? Y, lo más importante, ¿qué harán cuando estén en ella?

Son este tipo de preguntas las que todo responsable de una empresa debe hacerse antes, y no después, de decidir si necesita una web y cuánto debe pagar por ella.

cuánto vale una página web

¿De verdad necesito una página web?

Existe un lema extendido hoy en día: toda empresa necesita una página web (o, en sentido ampliado, presencia online). Éste y otros están tan extendidos que Vodafone lleva semanas haciendo una campaña basada en estos tópicos (esa de Porque tienes que estar, la que dice sin pudor que “las cafeterías con WiFi venden hasta tres veces más cafés” y se queda tan ancha).

Este tipo simplificaciones han costado mucho dinero a miles de empresas.

Es cierto que prácticamente cualquier negocio se puede beneficiar de una web bien hecha, pero no siempre lo suficiente como para compensar el gasto de pensarla, desarrollarla y mantenerla a lo largo de los años. Hay que analizar caso por caso teniendo muy en cuenta el sector concreto en el que se mueve.

Mientras que para algunas empresas una web debería ser una pieza fundamental de negocio, para muchas otras no debe pasa de mero complemento. Es crítico reflexionar sobre el “por qué quiero una web” y en el “cómo refuerza o mejora la página web a mi modelo de negocio”.

Si no lo conoce todavía, le recomendamos la serie Su empresa está en extinción en la que hablamos de cómo afecta la transformación digital a los diferentes sectores de las pymes españolas.

La web como estrategia

Este es el primer punto que hay que considerar, sin el cual la web probablemente no tenga sentido y sea una pérdida de tiempo y dinero. También es el punto más ignorado (una web es una web, dicen muchos, como dando por hecho que es algo trivial que se puede delegar sin supervisión y sin apenas presupuesto).

Siendo estrictos, una web solo tiene sentido dentro de una estrategia de marketing digital, siendo ésta parte de un plan de marketing, que a su vez obedece a un plan estratégico a medio y largo plazo. ¿Tiene sentido, verdad? Sin embargo, este escenario es el menos habitual (multinacionales incluidas, lo cual tiene delito).

Volviendo al mundo terrenal, el de las pymes, por el momento nos basta con pensar que la página web tiene que impulsar al negocio. Y, simplificándolo mucho, esto se reduce a que la web esté dirigida a…

  • Preventa

  • Venta

  • Posventa

Puede parecer evidente (y lo es), y lo más relevante es el momento de plantearse estas cuestiones: antes de empezar a hacer la web. Porque la realidad nos muestra, y el día a día como usuarios y sufridores de muchas webs nos confirma, que la mayor parte de las páginas web de empresa ni tienen foco en su propio negocio ni tienen en cuenta las necesidades de sus visitantes. Sin objetivo y sin foco son, por decirlo educadamente, de limitada utilidad.

No les habían contado eso de que había que preguntarse ¿qué quieres lograr? en vez del manido ¿cuánto cuesta una página web?

Para que eso no vuelva a pasar, un buen punto de partida es plantearse:

  • ¿Quién es nuestro cliente? ¿Y nuestro visitante? ¿Qué espera conseguir? ¿Cómo se lo podemos dar?
  • ¿Para visitarnos, utiliza el móvil o lo hace desde un ordenador? ¿Qué busca en cada caso?
  • ¿Nuestros empleados serán usuarios de la web? ¿Por qué, o porqué no?
  • ¿Tenemos una marca fuerte, o tenemos que crear marca? ¿Cómo?
  • ¿Nuestros productos son conocidos, o hay que darlos a conocer? ¿Cómo?
  • ¿El visitante de la web es un cliente potencial o un cliente fidelizado? ¿Qué necesita? ¿Cómo le atraemos?
  • ¿Necesitamos generar negocio? ¿Vendemos online (ecommerce), o generamos clientes potenciales (leads)?
  • ¿Podríamos automatizar tareas de los empleados? ¿Y de los clientes? ¿Y de relación con proveedores?
  • ¿Hemos mirado con lupa todo lo que hace la competencia? ¿Y los grandes referentes?

¡La lista no termina! Pero la idea queda clara: o se reflexiona sobre esto, o es improbable que la página web responda a las necesidades reales del negocio.

Y, entonces… ¿cómo sé cuánto cuesta una página web?

Si una empresa quiere una web como mero escaparate, estar por estar, y no espera ningún rendimiento neto (incremento en ventas o ahorro en costes), entonces cualquier web costará mucho más de lo que valdrá.

Sin embargo, si una empresa detecta una oportunidad entonces lo caro es no invertir en una página web. ¿Cuánto? Pues en función del retorno de la inversión que se espere. Esto no siempre es sencillo de estimar, pero es necesario hacer el ejercicio (de errores se aprende, pero si no se hace… ¿luego cómo se mide el resultado?).

La inversión en la web ha de recuperarse.

Por último, no olvidemos la eficiencia, la gran desconocida de los proyectos digitales. Todo el mundo quiere vender más, pero muchas veces es más interesante plantearse ahorrar o funcionar mejor: una intranet para el personal con herramientas colaborativas ahorra tiempo y costes, una sección de preguntas frecuentes potente (con ilustraciones, vídeos, chat…) ahorra llamadas o visitas de soporte, etc.

En definitiva: una web barata puede ser muy cara, otra con un coste de decenas de miles de euros (o más) puede ser un buen negocio. Depende del sector, depende del negocio, depende del objetivo… y de hacerlo bien.

  • 500

    ¿Otra web más?

  • 2000

    ¿Una página sencilla?

  • 10000

    ¿Un diseño audiovisual a medida?

La web como proyecto digital

Un proyecto es un proyecto, y gestionar proveedores tecnológicos es un mundo en sí mismo. Si nadie en su equipo es solvente en tecnologías web no se lance a la piscina alegremente.

Huya de la tentación de tirar del colega que hace webs en ratos libres (saldrá cara). No contrate al primero que se le cruce por delante, busque y compare. No confunda consultor con diseñador ni con programador, son especies con hábitats y rituales de comunicación diferentes. Aprenda durante el proceso, porque son conceptos que le serán útiles de por vida. No quede anclado a un proveedor que ponga barreras de salida. Y entienda que la web nunca es un mero desarrollo puntual, es un compromiso a largo plazo (renovaciones, correcciones inevitables, evoluciones necesarias al contenido y la estructura con el paso de los meses…).

¿Le interesa la gestión de proyectos digitales? Hace unos meses hablamos de ella en Gestionando la distancia para el éxito en los proyectos.

Concluyendo

¿Y si ya se ha aventurado sin pensar en todo esto previamente? Quizá le haya salido bien, o quizá no, gran parte del éxito o del fracaso habrá dependido de factores ajenos a su voluntad y capacidad de acción. Sin embargo, y aunque conviene plantear todo esto antes de empezar, nunca es tarde para preguntarse hacia donde vamos.

Por supuesto, todo esto no es más que arañar la superficie: ver el desarrollo de la página web a vista de pájaro, desde el punto de vista de un gerente o un responsable que toma las decisiones. No hemos entrado en todo lo que hay por debajo y alrededor: atraer tráfico con SEM, SEO y marketing de contenidos, la gestión de las redes sociales en relación con la web, la analítica, la optimización, la usabilidad…

Aunque todo esto suene a mucha complejidad, merece la pena si el trabajo está bien hecho. La web es el cimiento sobre el que se construye la presencia digital de casi todas las empresas.

¿Hay que estar? No. ¿Conviene estar? Muy probablemente sí, pero no de cualquier forma. Si no tiene experiencia en el ámbito digital, busque alguien que pueda ayudarle si desea obtener resultados y que su inversión sea rentable.
About the Author

Fernando Manero

Consultor freelance especializado en estrategia y tecnología.