La fotografía digital y el auge de la mediocridad

Casi siempre comentamos aspectos positivos de la digitalización. Hoy, sin embargo, quiero hablar de uno de sus efectos secundarios menos deseados: el auge de la mediocridad.

Para hacerlo, voy a utilizar como ejemplo el sector de la fotografía digital.

La fotografía, antes

Reflexionemos sobre el arte de la fotografía: hasta hace unos años los fotógrafos eran pocos, gente que sabía de su oficio. Hacer fotos de calidad era complicado… el equipamiento era complejo y había decenas de parámetros técnicos a tener en cuenta antes de sacar una foto (apertura, profundidad de campo, exposición, iluminación…). ¡Y eso era lo fácil! Lo difícil era tener ojo para la composición, entender la luz, ser capaz de expresar sentimientos con una fotografía.

Los fotógrafos eran pocos, pero el nivel medio era alto porque no les quedaba otro remedio que entender y pensar en todo lo que hacían.

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El ganador de 2016 en la categoría “Fotografía de viajes” de National Geographic.

Llega la fotografía digital

  • Hoy en día nos inundan las personas que sacan fotos con cámaras réflex digitales (DSLR) acopladas al objetivo que venía en el kit de iniciación. La mayoría no saben nada de fotografía (¿formato medio, eso qué es?) o se quedan en lo más básico (apertura grande difumina fondos). Suelen ser ávidos lectores de los blogs de fotografía digital (esas granjas de enlaces de afiliación) y fans del retoque fotográfico (filtro, niveles, filtro, contraste, clonar, filtro, máscara de desenfoque… ¡el amo del Photoshop!).

    La barrera de acceso a la fotografía se ha desplomado, cualquiera puede sacar fotos impresionantes. Los smartphones sacan fotos tremendas en automático y hay cientos de apps gratuitas que ofrecen capacidades de filtrado, retoque y mejora que dejan boquiabierto a cualquiera. Luego, se comparten a millones en las redes sociales.

  • mediocridad digital hecha fotografía

    Una maravilla de la fotografía contemporánea, cortesía de Pixabay.

Fotógrafos hay muchos ahora, pero el nivel es bajísimo. Y lo que es peor, la abrumadora presencia de fotos malas ha insensibilizado al público, la mayor parte no solo tolera sino que las adora y las difunde.

Aunque pueda sonar a un escenario catastrofista, la fotografía digital ha traído la democratización: antes tener acceso a unas fotografías decentes era un lujo reservado a pocos profesionales (o a quiénes pudieran pagarlos), hoy en día está al alcance de cualquiera. Esto es aplicable a prácticamente cualquier otro ámbito, por lo general la transformación digital trae el acceso masivo a algo que antes era un nicho.

Mediocridad para todos

Antes un fotógrafo era con casi total seguridad un fotógrafo, alguien que sabía… hoy en día son una especie en extinción. Y esto también es frecuente en la transformación digital: el auge imparable de la mediocridad. Todo el mundo es experto en algo, y casi todos expertos en muchas cosas. La proliferación de herramientas digitales casi automáticas hacen que cualquiera con dos tutoriales o vídeos en Youtube pueda dar la apariencia de saber muchísimo de casi cualquier cosa.

Esta dualidad democratización-mediocridad me parece un aspecto fascinante del panorama digital.

A más disruptiva es una tecnología, a más fácil hace para todos subirse al vagón de algo que era complicado, más terrorífico es el efecto para la profesionalización de ese sector. En fotografía digital ya es difícil separar la paja del trigo, pero lo mismo sucede en el marketing digital o cualquier otro ámbito laboral.

Google

Y Google es su máximo exponente. Ofrece herramientas como Adwords que hacen aparentemente fácil lo imposible (crear y gestionar en pocos minutos una campaña de búsqueda y display, por ejemplo). Ofrece un curso gratuito y una certificación que dice acreditar que tienes los conocimientos necesarios. Pero luego, no son suficientes, ni mucho menos. Es un mero atajo.

Un atajo muy bueno. Uno que ayuda a los verdaderos profesionales del sector (de la misma forma que los fotógrafos buenos saben cuando utilizar su réflex digital). Pero no deja de ser un atajo que abre las puertas del mercado a miles que no tienen ni idea. Intrusos que se suben al vagón y que, además, aprenden muy rápido que es más rentable dedicar su tiempo a la marca personal y al autobombo que no a realmente aprender los fundamentos que aquello que dicen vender.

Y así es como terminamos con programadores que hacen consultoría. Diseñadores gráficos que hacen eCommerce. Informáticos que hacen diseño gráfico. Comerciales que hacen SEO y SEM. Usuarios de Facebook que dicen hacer marketing online. Freelance varios, gurús Youtubers y propietarios de empresas que dicen saber de todo (dioses en el Olimpo del cuñadismo digital).

Y así es como terminamos todos enfadados. Pidiendo a quién no sabe que haga cosas que dice saber, y luego cabreándonos porque aparentan estar bien, pero no lo están.

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About the Author

Fernando Manero

Consultor freelance especializado en estrategia y tecnología.