Pokemon GO para adultos, padres y gente no friki

Pokémon GO es un éxito arrollador, es vox populi. Cualquiera que no haya estado de retiro espiritual en las últimas semanas habrá visto a alguien cercano (niño o no tan niño) jugando ensimismado. También habrá leído, visto o escuchado constantes noticias sobre el juego: que si supera en usuarios a Twitter, que si causa accidentes, que si van en manada a Sol y El Retiro.… La cobertura en medios digitales está siendo de traca, la búsqueda “Pokemon” en el El País devuelve casi 4 artículos por día desde el 12 de julio de 2016.
¿Llego tarde a cubrir el fenómeno? Sí, claro, pero ya es marca de la casa (me pasó con Master Chef). ¿Me voy a apuntar al carro de poner la app a caer de un burro? Desde luego que no: soy totalmente fan del fenómeno Pokemon GO y estoy aquí para explicártelo. No deseo convertir a nadie, ni mucho menos, pero sí aclarar un poco de qué va todo porque es más interesante y profundo de lo que realmente parece.

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¿Huir? No, ¡hazte con todos!

Como es lógico, instalé y jugué a Pokemon GO antes de redactar este artículo. Por supuesto, lo hice por hablar desde la experiencia y en aras de la máxima profesionalidad informativa. Lo malo es que sigo jugando varios días después. Sí, el juego es adictivo, consumir con precaución.

Actualización 9 de agosto de 2016: Sigo jugando, tengo nivel 14 (de 40). Por cierto, se acaba de actualizar la aplicación a la versión 1.3.0 con el retorno del modo de ahorro de batería en iOS, la corrección de fallos en la captura de Pokémon (bolas curvas y experiencia adicional), una modificación menor del buscador de proximidad (sightings, que sigue sin ser útil) y un sensato “¡Vas demasiado rápido!” si detecta que -en efecto- vas demasiado rápido.

Pokemon GO: lo básico

Si has estado debajo de una piedra las últimas semanas, o de vacaciones en algún paraíso sin datos 4G, te ponemos al día.

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Los alrededores de la oficina de Alkeno: un Ayuntamiento en la vida real, una Pokeparada en un mundo mucho más interesante

Se trata de un juego para iOS y Android basado en los conocidos Pokémon (pocket monsters, monstruos de bolsillo) que recordarás de la serie de televisión o los videojuegos. Sigue el esquema “juega gratis ahora, que ya pagarás después” habitual de la industria móvil desde hace unos años.

¿De qué va todo esto?

En el juego asumes el rol de entrenador Pokemon: un chico o chica que va por el mundo capturando Pokemon salvajes para coleccionarlos y hacerlos entrenar para que se hagan más fuertes, evolucionen, en variedades más poderosas. Los entrenadores compiten entre sí para demostrar quién es el mejor, quién tiene los mejores Pokemon. Si todavía no te haces a la idea, es el equivalente moderno de los cromos de fútbol y las hojas de cambiar que hacían furor en los colegios en la época pre-Internet.

En nuestra época comprabas un Bollicao con la esperanza de que saliese Romario… pero salía un Julen Lopetegui. Ahora, igual, buscas un Mewtwo pero al lado de tu casa solo aparecen Pidgey.

Gracias a los móviles actuales, los Pokemon se integran en el mundo real gracias a la realidad aumentada: el juego no tiene un mapa que recorrer porque el mundo real es el mapa. Los Pokemon aparecen a tu alrededor, y verás variedades diferentes según por donde te muevas (acuáticos cerca del mar, ríos o lagos; de tierra en el interior, etc.). Actualmente existen gimnasios (que es donde llevas tu Pokemon a entrenar), Pokeparadas (que es donde consigues recursos para jugar) y próximamente habrá un mecanismo para el intercambio de Pokemon entre particulares, que es cuando despegará el juego más competitivo.

Pero ojo que no es de Nintendo

Casi todos los medios se refieren a Pokemon GO como un juego de la japonesa Nintendo, lo cual es falso y señal del bajo nivel periodístico que tenemos que sufrir a diario: el juego pertenece a la empresa californiana Niantic (originaria de Google) en asociación con The Pokemon Company, la empresa que Nintendo creó para gestionar esa fábrica de hacer dinero en forma de Pikachu.

¿Y entonces, cómo es que Nintendo triunfa en bolsa?

Porque es propietaria de una parte de Niantic (no se sabe cuánto) y de un tercio de The Pokemon Company. Y como es la única de las tres que cotiza en bolsa, es la que se ha llevado la subida de acciones cuando los inversores han acudido corriendo a la llamada de los beneficios (por cierto que las acciones siguen altas, pero no tanto).
En todo caso, el mayor beneficio llegará después: el lanzamiento de Pokemon Sol y Luna para la Nintendo 3DS. Un juego altamente esperado que incorpora nuevos Pokemon (incluyendo uno que recuerda a Donald Trump, porque están en todo) y al que el ascenso meteórico de la franquicia le viene de perlas. Ahí es donde harán dinero.

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    ¿Nintendo? No, Niantic. Ni caso a los medios de comunicación.

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    La app se toma con guasa los famosos accidentes.

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    Sencilla, profunda y cargada de nostalgia.

Analizando su éxito

Vamos a lo que realmente nos interesa… ¿cómo hemos dejado que pase todo esto por debajo de nuestras narices? Lo achaco a cuatro factores clave.

1. Pokemon ya era más potente que Star Wars

Primero, sé que a muchos les va a costar asumir esto, pero Pokemon es uno de los fenómenos más potentes que existen, más potente que Star Wars. Solo hay que ver la tendencia en los últimos años: el nivel latente es superior, exceptuando estrenos, y el pico de interés de Pokemon GO es sencillamente estratosférico.

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¡Sorpresa!

2. La generación Pokemon es nativa digital

La nostalgia está de moda, de ahí que estemos sufriendo remakesreboots de todas las sagas cinematográficas posibles (Cazafantasmas, ¿en serio?). No debemos olvidar que Pokemon marcó a la generación de los primeros nativos digitales. Pokemon Go es un cóctel nostálgico de dimensiones siderales: un nuevo juego de la saga fetiche de una generación, gratuito, que se puede ejecutar en cualquier móvil mientras caminas por la calle y que es fuente de anécdotas perfectas para compartir en redes sociales… lo tiene todo.
Este crecimiento y la explosión de noticias puede explicarse de muchas formas, pero la más sensata es que afecta directamente a quiénes tienen el altavoz más grande. Los nativos digitales dominan Youtube, Instagram, Facebook, Twitter, Snapchat, WhatsApp… ¡y seguro que alguna que otra red social que todavía desconocemos!

3. El poder de caminar y socializar

Quizá el factor más sorprendente, el que cogió al mundo por sorpresa y que a la postre ha sido la causa de la viralidad, es que el juego fomenta los desplazamientos a pie y en bicicleta: moverse forma parte integral de la experiencia. Si no caminas por la calle no descubres nuevos Pokemon, si no vas físicamente a los gimnasios tus Pokemon no progresan, si no visitas las Pokeparadas no consigues recursos gratis… Y no solo eso, el juego incorpora dinámicas que favorecen la interacción social:

  • Cuando un Pokemon aparece en una zona, lo hace para todos los presentes por igual y sin límite, no se gastan. De ahí que la gente juegue en grupo (si alguien ve uno interesante, avisa a sus amigos para compartirlo).
  • Los “módulos de cebo” que atraen a los Pokemon son infrecuentes (o caros, si se pagan), pero benefician a todos los que estén cerca. Por eso siempre surgen voluntarios que se relevan para mantener la zona “caliente”.
  • Los gimnasios se atacan y defienden trabajando en equipo: si pasas por un gimnasio rival el cuerpo te pide atacarlo, cuando ves uno propio siendo atacado algo te dice “ve, ayuda a tu equipo” (aunque tu equipo sean completos desconocidos).

Todas estas decisiones son deliberadas y sorprenden porque van en contra de lo que la mayoría entiende por un videojuego. Este componente social es el que causó la famosa estampida de Central Park hace unos días, el que moviliza a la gente y la causa de que todo lo que rodea al juego sea compartido y viralizado en Internet y los medios tradicionales. En una época en la que ser friki está en alza y el running es una tendencia, un videojuego que hace que la gente salga a la calle y se relacione es una bomba que rompe ideas preconcebidas.

4. Es el momento de la realidad aumentada

Aunque en los últimos meses la realidad virtual sea lo que acapare más titulares, sigue tratándose de una tecnología en fase inicial que requiere un gran desembolso. Sin embargo la realidad aumentada está en su punto álgido, todos los teléfonos y tablets vendidos hoy en día la soportan perfectamente, permitiendo mejorar la realidad cotidiana a través de gráficos, información o, en este caso, un juego.
Por cierto, ¿te preguntas quién decidió las ubicaciones de las Pokeparadas y los gimnasios en todo el mundo? Porque son muchos y no lo pudieron hacer a mano. Tampoco lo decidió un ordenador. Fueron los  jugadores de otro juego de realidad aumentada llamado Ingress, de la propia Niantic, que iba de “ir caminando con el móvil descubriendo pistas ocultas en el mundo real”. O sea que estos señores no solo reciclaron su propio juego para hacer Pokemon GO, sino que además hicieron que sus jugadores les hiciesen el trabajo más duro.
Parece que estos señores tenían muy clara la máxima de la transformación digital:

“Haz que tu cliente trabaje para ti: dale las herramientas y una historia de la que sentirse parte, y lo hará gratis.”

Author's imageFernando ManeroTransformador Digital

El veredicto

Hay millones de usuarios encantados, y otros tantos desencantados. Para muchos es el pasatiempos definitivo, y además les incentiva a salir a la calle a caminar, para otros tantos es una molestia y hasta un insulto a la inteligencia

Lo rematadamente bueno

La realidad es tozuda, y la realidad me enseña que el gimnasio de mi calle cambia de equipo varias veces al día. La gente está, a diario, luchando por controlarlo. ¿Imaginan el panorama? Decenas de vecinos iracundos porque todos los días al volver a casa encuentran sus Pokemon derrotados y el gimnasio capturado por un equipo rival. Y ellos, con apenas un 4% de batería, impotentes, vuelven a casa pensando en estrategias para recapturarlo a la mañana siguiente.

La experiencia es reveladora: Pokemon GO es una comunidad de niños y notanniños que se lo pasan pipa jugando con monstruos de colores.

El juego mueve a muchísimas personas y les hace pasar un buen rato. Y eso es un hecho inapelable, por mucho que digan los cuñadistas que todo lo saben. Y por mucho que tenga fallos, que los tiene…

Lo evidentemente malo

En primer lugar, el juego pertenece a la larga estirpe de las adicciones digitales que uno debe gestionar con precaución, está diseñado para enganchar y es fácil terminar dedicándole más tiempo del que resultaría sensato. Además tiene muy mal encaje con la conducción, lo cual es más que evidente pero nunca está de más recordarlo.


No olvidemos que está el asunto económico y de la privacidad: el juego está diseñado para enganchar primero y pedir dinero después, además de explotar sin piedad los datos de ubicación y comportamiento (recordemos que Google está de por medio). Pronto, además, será una máquina de generar anuncios y Pokeparadas promocionadas (como lo de McDonalds en Japón).
Viéndolo como juego, tiene el don de molestar a los fans de la saga, que no terminan de entender muchas de las simplificaciones a las dinámicas que dominaban desde la época de la Game Boy. Además, tiene fallos técnicos y problemas de disponibilidad bastante molestos, que aunque han mejorado algo siguen estando presentes.
Es difícil discutir contra esta evidencia, pero por lo general cualquiera que haya jugado a otros juegos de dinámica similar como Candy Crush o League of Legends sabe dónde se está metiendo.

Inofensivo para los niños

Después de darle una vuelta, creo que el mejor consejo que puedo a unos padres preocupados es este:

Si el niño no tiene edad para tener móvil propio, acompáñale a buscar Pokemon y seguro que te lo pasas bien. Si ya tiene móvil propio, entonces Pokemon GO es la última de tus preocupaciones.

No veo problemas especiales con este juego más allá de las dos reglas que aplican a cualquier juego u actividad online: siempre supervisado por los padres (con mayor o menor vigilancia sobre el tiempo y el patrón de uso en función de la edad) y bloquear las compras dentro de la aplicación para evitar gastos incontrolados.
Parece un juego muy seguro incluso para el público infantil: No incluye ningún mecanismo de comunicación tipo chat o similar, los puntos de interés no tienen peligro (alejados de carreteras) y los que estaban en sitios inapropiados como museos o comisarías ya se han retirado. Ni siquiera es agresivo económicamente porque se puede jugar indefinidamente sin pagar (al menos de momento).

Cerrando

Creo que con esto cubro los puntos principales… dejando infinidad de cosas por contar. En próximas entradas hablaré de cuestiones de negocio (cómo aprovechar el tirón en el negocio), pero mientras tanto puedes echar un vistazo a entradas anteriores:

About the Author

Fernando Manero

Consultor freelance especializado en estrategia y tecnología.