¿Qué hay detrás del iPad en el aula? Blinklearning

Continúa la serie comenzada con El iPad en el aula dedicada a la utilización de tablets en los nuevos modelos de educación digital. En esta ocasión, con el foco en las plataformas que como Blinklearning lo hacen posible.

La semana pasada tuve la suerte de poder sentarme a conversar con Gonzalo Baranda, Director General de Blink Learning. No resultó fácil, el comienzo de un nuevo curso escolar siempre es un desafío para la agenda del responsable de la plataforma tecnológica de la que dependen cientos de colegios de toda España.
Blinklearning (el producto homónimo) es una herramienta de e-tutoring: un sistema que permite a los colegios gestionar todos los elementos de su docencia digital tanto internamente como de cara a sus alumnos: carga automatizada de libros de texto digitales, designación personalizada de tareas, lanzamiento de comunicaciones, creación de grupos de trabajo, etc.

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Presentación de Blinklearning. Pulsa para verla en Youtube.

El enfoque de la plataforma

La iniciativa surge hace unos tres años para dar respuesta a la demanda del mercado de una herramienta de e-tutoring que resultase realmente sencilla de utilizar para los docentes.

Plataformas como Moodle son realmente útiles, pero no son amigables. Si no se facilita la vida a centros y profesores, especialmente de aquellos que no sean diestros tecnológicamente, su adopción será muy limitada.

Tomando la sencillez como punto de partida, el equipo de Blink Learning situó como prioridad que el diseño de la plataforma ofreciese la máxima libertad de elección a centros y docentes, para lo cual fue necesario dotarla de una completa independencia al respecto de:

Editoriales soportadas por Blink Learning

Editoriales en Blink Learning a octubre de 2013. Pulsa para ver la versión más reciente.

  • La tecnología, de forma que la plataforma fuese accesible desde cualquier dispositivo y resultase completamente interoperable.
  • Los contenidos, permaneciendo abierta a todas las editoriales y permitiendo la auto-generación de contenidos por parte de los centros.

Actualmente, con un equipo de 16 personas y un reparto 50/50 entre gestores y técnicos, Blink Learning permite acceder a sus servidores desde cualquier equipo con un navegador web (Windows, OSX, Linux…) y a través de aplicaciones nativas desplegadas para las principales familias de tablets del mercado (iOS, Android y recientemente Windows RT). Además, desde el punto de vista de los contenidos, cuenta a día de hoy con material de las principales editoriales.
De esta forma Blink Learning minimiza las barreras que un centro pudiese tener para aventurarse hacia una educación digital: la plataforma es accesible tanto desde las aulas de informática tradicionales como desde los portátiles o tablets de los alumnos (en centros con programas 1:1 o “un dispositivo por alumno”), y los profesores cuentan con la seguridad de que podrán seguir utilizando el material que ya conocen de la editorial en la que confían.

Incorporando la plataforma a los centros

El cambio a un modelo digital es disruptivo para el colegio completo, impactando profundamente en todos sus ámbitos y procesos. De ahí que Gonzalo enfatice que la clave del éxito es el compromiso del centro y sus personas, a todos los niveles (directivo, técnico, docente y auxiliar). Esta es una realidad fundamental en cualquier proyecto, pero toma una especial relevancia en los colegios debido a que se altera la actividad core de la organización, la docencia, generando cambios fundamentales en un modelo que lleva décadas prácticamente inalterado.
La aportación de la dirección del centro es imprescindible, tanto por el liderazgo que ha de ejercer en la migración de modelo como a la hora de afrontar este cambio con la visión correcta: solo cuando la dirección es capaz de ver en una educación digital un valor real para la formación de sus alumnos el proyecto tendrá una base sólida, si por el contrario se plantea como una mera jugada de marketing se arriesga a la indiferencia o incluso el rechazo frontal de los docentes. De hecho, incluso con una masa docente plenamente alineada con el proyecto digital, la experiencia indica que la adaptación del profesorado al nuevo paradigma nunca resulta sencilla. Desde Blink Learning recomiendan un aterrizaje progresivo, que comience meses antes de la finalización del curso, y que tome forma de pruebas pilotos y capacitación específica… un enfoque costoso de llevar a cabo como es debido por la falta de tiempo y recursos.
A este respecto cabe destacar la aportación al ecosistema educativo realizada por el Colegio Tajamar, que no solo es uno de los pioneros nacionales en implantar un proyecto 1:1 con iPad sino que también comparte gran cantidad de información valiosa con la comunidad a través de su blog, ofrece el curso gratuito “Enseñar con el iPad” (un éxito en iTunes U) y además realiza cursos presenciales en Madrid.
Adicionalmente a la alineación entre directiva y docencia, un centro que implanta un programa 1:1 requiere un enfoque técnico solvente. Los colegios deben realizar un esfuerzo para dotarse del conocimiento y los recursos necesarios para, en pocos meses, ofrecer conectividad y gestión adecuados para cientos o miles de dispositivos y sus respectivos usuarios de forma que puedan sacar partido a la tecnología (streaming en tiempo real alumno-profesor) de forma adecuada (estricto control de los dispositivos y contar con salvaguardas que prevengan el acceso a contenido inadecuado). Esto requiere reforzar las infraestructura (hardware de comunicaciones, pizarras digitales, proyectores, ordenadores, tabletas…), desplegar software específico (plataformas como Blink Learning, herramientas MDM, software educativo…) y asumir una carga de soporte técnico a usuarios muy superior. En cualquier caso, siempre teniendo en cuenta que existen cuestiones que no se pueden abarcar de forma realista…

  • El llenado de la mochila digital al inicio del curso requiere del orden de 2,5GB por alumno, un pico de ancho de banda durante un día al año que para muchos centros será inasumible, siendo la alternativa razonable que dicha descarga la realicen los alumnos desde sus casas.
  • Una tozuda realidad que ya debería sernos conocida: las restricciones infalibles no existen, especialmente cuando se enfrentan a fieras digitales como estas o estas.

Cabe destacar que, como decisión directiva y técnica, cada centro debe optar por una política de dispositivos aceptados y asumir las implicaciones derivadas. En este sentido un centro puede optar por ofrecer una libertad completa a sus alumnos (elegir entre portátil o tablet de cualquier fabricante y sistema operativo) o restringir las opciones como mejor crea oportuno, existiendo un equilibrio delicado entre flexibilidad, coste y esfuerzo. Por un lado, abrir la puerta a cualquier dispositivo hace la vida más fácil a las familias pero complica la gestión, encarece el soporte y restringe el control de la experiencia docente; por otro limitar las opciones permite al centro un control total sobre la experiencia educativa con un esfuerzo menor, aunque si los dispositivos elegidos son caros esto tendrá un impacto en las familias.
Por el momento la norma está siendo apostar por una única familia de dispositivos, siendo en general los colegios concertados los más inclinados a dar el paso hacia programas 1:1, generando además un efecto tractor basado en la competencia geográfica (cuando un centro en una región da el salto, los restantes en pocos meses lo dan también). En este sentido desde Blink Learning han identificado enfoques diferentes según la tipología de los centros:

  • Los centros concertados y privados, en su mayoría, optan por el iPad de Apple, siendo el iPad 2 WiFi 16GB de 399€ el más frecuente (lo que coincide con la experiencia del Colegio Arenales que describí en profundidad y que amplié con la hipótesis del iPad para la educación). ¿El objetivo? Beneficiarse del potente ecosistema educativo formado a su alrededor y potenciar su imagen puesto que los padres asocian mentalmente la oferta educativa del centro con las cualidades que se atribuyen a Apple (innovación, calidad, prestigio…).
  • Los centros públicos apuestan en general por Android, buscando ofrecer la mayor flexibilidad y potencial de ahorro a los padres, valorando también un ecosistema más abierto por encima del control absoluto sobre la experiencia educativa. Otros centros han abierto por completo la puerta a cualquier tipo de dispositivo, una apuesta loable pero potencialmente arriesgada (¿cómo se garantiza el soporte y el correcto funcionamiento del sistema si los alumnos en clase pueden tener desde un Galaxy Tab hasta un Surface RT pasando por un netbook con Linux?).

Gonzalo prevé que en un futuro próximo la mayor parte de los centros tenderán a abrir sus políticas de dispositivos, pero ello requerirá un ecosistema más maduro, con soluciones de gestión interoperables, y que el profesorado haya avanzado en sus aptitudes digitales.

Anecdóticamente las editoriales digitales originalmente generaban contenidos que excedían fácilmente el GB, pero precisamente fue el éxito del los tablet de 16GB como línea base de capacidad la que impuso la relativa moderación existente actualmente: libros digitales de unos 400MB, quedando un curso completo en 2,5GB.

La relación con las editoriales

El tercer elemento de la ecuación son los principales generadores de contenidos, las editoriales, a las que Blink Learning ofrece un mecanismo de distribución digital seguro y controlado gracias a la Gestión Digital de Derechos (o DRM, herramientas que permiten proteger un contenido para que su utilización esté controlada y, por ejemplo, no pueda ser copiado indiscriminadamente). La relación de las editoriales con la plataforma es análoga a la que mantienen con las tiendas que venden libros de texto en papel, se trata de una relación de productor-distribuidor.
Tampoco cambia la relación entre editoriales y centros educativos, en la que los primeros realizan una intensa labor comercial para convencer a los segundos de que opten por sus libros de texto. Este factor es de gran importancia puesto que, sean los libros digitales o en papel, los alumnos terminan necesitando libros de múltiples editoriales según las preferencias educativas de cada uno de sus profesores y esto favorece a las plataformas digitales multi-editorial. Curiosamente esta realidad no es global, por ejemplo en Latinoamérica es frecuente que los gobiernos realicen licitaciones públicas para la compra masiva de libros de texto, un enfoque radicalmente diferente que no supone barreras de entrada a plataformas exclusivas a editoriales concretas.
Una vez decidida la mochila digital del alumno basta que el profesor indique en Blink Learning qué libros han de estar disponibles para cada clase o alumno concreto, procediéndose a su descarga en los dispositivos de los alumnos en la siguiente sincronización. A partir de dicho momento el contenido queda disponible pero sujeto a las condiciones de licenciamiento (un libro digital puede, por ejemplo, no permitir su impresión ni su transmisión a otro dispositivo, etc.). Este control absoluto del contenido en base al DRM ha sido una aspiración histórica de la industria editorial (y compartida con muchas otras como la musical, del cine o los videojuegos), existiendo en torno a la misma una gran controversia.

La batalla por el DRM es la del conflicto de intereses entre los creadores de contenidos (que defienden un mayor control sobre sus productos como algo necesario para la sostenibilidad de sus respectivas industrias) y los consumidores (que exigen que los bienes digitales puedan ser adquiridos tal y como los bienes físicos, no meramente licenciados según criterios arbitrarios y sujetos a ser cambiados unilateralmente).

Las editoriales son conscientes de que el futuro de los contenidos es digital, existiendo una voluntad de evolución hacia el mismo, pero se tratará de un cambio controlado que se extenderá al medio y largo plazo: actualmente la facturación digital sigue siendo reducida y el cambio requerirá grandes modificaciones en sus estructuras de costes que serían imposibles de afrontar a corto plazo. Si se considera que ya han nacido y fracasado diversas editoriales 100% digitales parece razonable comprender la postura de las editoriales tradicionales de avanzar hacia la revolución digital con ritmo firme, pero sin dar pasos en falso.

Un trabajo en progreso

El trabajo del equipo de Blink Learning es asegurar el correcto funcionamiento y la satisfacción de los usuarios de la plataforma, lo cual requiere una notable labor técnica, de gestión de contenidos y de soporte a usuarios. Este este último aspecto el que requiere un mayor esfuerzo, puesto que corresponde a la plataforma como intermediaria hacer que todas las piezas encajen y funcionen al unísono.
A este esfuerzo contribuye que el entorno educativo digital esté todavía dando sus primeros pasos, las mejores prácticas y casos de éxito surgen de un proceso de iteración constante y learning by doing que están realizando a diario todos los implicados (editoriales, centros y la propia plataforma). A esta realidad se suma que la naturaleza del calendario escolar hace necesario que todo cambio de calado se realice en el cambio de curso, especialmente si se trata de la migración de un centro a un programa de educación digital 1:1.
Resulta comprensible que el soporte en el lanzamiento de un nuevo curso sea una tarea de carácter crítico hasta el punto de que Blink Learning requiera de la contratación de personal de refuerzo para asumir las incidencias propias (optimización de flujos de trabajo, corrección de fallos, depuración de nuevas características, errores en la gestión de licencias, etc.) y las no tan propias (como intermediarios son la cara visible del nuevo modelo educativo ante los centros, y en consecuencia han de echar una mano a los centros en toda clase de situaciones como caídas en sus redes WiFi, errores en la configuración del MDM, utilización de los tablets…).

En definitiva

La cadena de valor de la educación digital se está mostrando verdaderamente apasionante, especialmente ahora que empiezan a contrastarse los puntos de vista de sus diferentes implicados. Conocer a Blink Learning no solo ha supuesto conocer los bloques básicos que forman una herramienta de e-tutoring, sino que también nos acerca un poco más a la problemática de los propios centros educativos y nos empieza a dejar ver la postura de los creadores de contenidos.

About the Author

Fernando Manero

Consultor freelance especializado en estrategia y tecnología.