La primera regla de la gamification

Es una cuestión que llevo planteándome desde el inicio de mis andanzas con la gamification… ¿el propio nombre de la disciplina es un activo o una carga? Parafraseando al clásico…

La primera regla de la gamification es no hablar de la gamification.

¿O no? Como todo en la vida, dependerá de a quién te dirijas.

Si tu interlocutor se ha acercado a ti preguntando por gamification es muy probable que le suene el concepto y quiera saber más. Entonces, adelante, bombardéale a discreción. Empieza por los orígenes, de cuando la gamification no había sido bautizada (y ahí puedes remontarte tan atrás como quieras, líderes inteligentes que han sabido motivar e incentivar ha habido en todas las épocas), introdúcele a los gurús (desde el incombustible Richard Bartle y su análisis de los tipos de jugadores hasta el brillante y jovencísimo Yu-Kai Chou), háblale del fenómeno, de los eventos y congresos, de las tendencias previstas por los analistas y de los movimientos de las grandes empresas. Y después, por supuesto, ofrécele algo útil con todo ese conocimiento más allá de ahorrarle varias horas de búsqueda en Google.

Si te has acercado tú a él, o si no ha solicitado información explícita sobre gamification, sin embargo, el enfoque cambia. Es muy probable que no conozca el concepto y que para él sea una distracción. ¿Gamification? Suena a neologismo de consultor repelente. Suena a jugar en el puesto de trabajo, a pérdida de tiempo, a poca seriedad. Es un término que automáticamente levanta una alerta en la mente del que lo escucha por primera vez, y le predispone negativamente para todo lo que venga después. Por supuesto, con un discurso bien preparado y sólidamente argumentado esta sensación inicial se diluye, pero el mero hecho de tener que luchar contra ella (y tener que dedicar tiempo a ello) hace que no merezca la pena.

Lo importante de la gamification no es lo acertado del término desde un punto de vista comercial sino el hecho de que las técnicas y herramientas que englobamos en su interior funcionan y son capaces de generar negocio.

¿O acaso no tiene valor un conjunto de técnicas y herramientas que nos permiten, entre otros cientos de cosas…

  • … lograr una mayor utilización y un mejor conocimiento de un producto o servicio?
  • … subsanar los agujeros en los que se nos va la productividad de un proceso?
  • … motivar a los empleados, evitando la procrastinación y el desánimo?
  • … activar a los clientes, transformándoles en prescriptores de nuestra marca?

¡Por supuesto que tiene valor! Lo que no tiene sentido es permitir que un nombre rimbombante y una definición que puede incluir palabras como juego o diversión se transforme en un punto de bloqueo. Ya puestos a hablar de gamification quizá sea mejor darle una capa de marketing.

Y no, cambiar gamification por gamificación o por ludificación no va a arreglar nada (españolizar o latinificar la palabra no elimina el problema de base), y espero que no se llene Internet de personas hablando de engagification o, mucho peor, compromificación. Hablo de ser creativo: Rajat Paharia defiende en público el uso del término genérico gamification, pero impulsa la marca Lealtad 3.0 a nivel profesional; Yu-kai Chou, antes mencionado, creó una metodología de análisis de gamification con ocho palancas clave y la denominó, muy pragmáticamente, Octalysis. ¡Las posibilidades son infinitas!

En mi caso se trata meramente de una herramienta, una de tantas en el ámbito del digital business. Como no trato de hacerla un producto no tengo la necesidad de impulsarla como marca, aunque una cosa tengo clara: cuando tenga que hablar de ella, evitaré llamarla por su nombre.

About the Author

Fernando Manero

Consultor freelance especializado en estrategia y tecnología.

  1. Fernando acabas de tocar un punto muy interesante. El nombre de un concepto identifica su contenido, exactamente como para cualquier producto comercial. Y si el cliente no es capaz de asociar correctamente el binomio nombre-contenido el problema no es el cliente, sino que el nombre no está bien enfocado.

    Tal vez si el Tetris se hubiera llamado «Ladrillificación» no habría alcanzado el éxito que tuvo.

    Así que probablemente al gamification también le vendría bien un poco de re-branding.

    Te atreves a proponer algunas sugerencias?

    Davide

    • Gran reflexión, Davide.

      Lo cierto es que en este caso es complicado. El término gamification ha ganado muchísima tracción en los últimos años, especialmente desde 2010, y ha llegado para quedarse: se ha transformado en el término de facto para describir a toda una familia de herramientas de productos y herramientas. Cualquier esfuerzo por renombrar formalmente la disciplina diluiría su valor como marca, algo que no creo que desee ningún actor involucrado.

      Otra cosa es que todavía no esté suficientemente extendido en España (en el ámbito anglosajón lo está bastante más) y que traiga asociadas connotaciones y prejuicios negativos injustificados, pero eso es algo que a estas alturas mismo «viene en el pack» y con lo que tenemos que vivir.

      Ahora bien: hay que estar adaptarse al receptor. En un blog especializado como este y en cualquier medio técnico llamar las cosas por su nombre no es problema. Sin embargo, cuando nos acercamos a personas que no están familiarizadas con la terminología tenemos que medir bien los esfuerzos y saber qué decir y cómo transmitirlo. De la misma forma que tenemos que diferenciar «un modem-router xDSL con IEEE 802.11N» del «cacharro del WiFi», algunas personas no necesitan saber de gamification, teoría de juegos o de motivación intrínseca: necesitan más ARPU o que sus empleados rellenen su hoja de tiempos semanal.

      Y sí, si me atrevo a ponerle nombre, pero no lo puedo revelar en público todavía 🙂

      ¡Un saludo y gracias por aportar!

      PD: Si alguien lanzase el enésimo clon del Tetris y lo llamase Ladrillificación se ganaría todo mi respeto y quizá una venta.